sensaciones en vivo — 18 Mayo, 2017 at 9:22

Fauna Otoño: Alegría en cámara lenta

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Foto © Maira Troncoso

Fauna Otoño @ Espacio Riesco, Santiago
Sábado 13 de mayo de 2017

Desde el momento en que Fauna Prod. anunció la realización de su otoñal festival,  en marzo de este año, las miradas, atención y ansias se agolparon en los anuncios que en las semanas siguientes realizaba la productora. Y no es para menos, entre las actuaciones anunciadas se encontraba la de los creadores de vaporosas e intensas melodías, que obnubilaron los tímpanos de todos quienes han escuchado sus producciones de la primera mitad de los noventa. Se trataba del quinteto británico Slowdive, quienes eran esperados desde que anunciaron su regreso a los escenarios en 2014. Esta visita, además, venía precedida por el lanzamiento de un nuevo disco homónimo, el primero grabado a 22 años de que editaran “Pygmalion”, disco que fue acompañado por la separación del grupo y el término del contrato con la casa disquera de sus inicios, Creation.

Y si a lo anterior le agregamos la segunda visita de dos agrupaciones referentes dentro del espectro musical en que militan, como lo son The Radio Dept. con sus entramados de ensoñación e indietrónica, junto a las melodías alegremente minimalistas de los neoyorkinos Beach Fossils, las expectativas crecía exponencialmente. Con la incorporación al cartel del épico ensamble texano, This Will Destroy You, la espera de dos meses se volvía dura. Para cerrar un cartel redondo venía precisa la participación de los nacionales Trementina, quienes desde Valdivia nos habían impresionado con su debut “Brilliant Noise”, de 2013. Pero los anuncios no paraban; siendo consistentes con su mercado objetivo, los faunos sacaron de la manga un ramillete con lo más granado de la electrónica, encabezados por el productor discográfico chileno Matías Aguayo, y el artista noruego conocido su hipnótico tecno house, Hans-Peter Lindstrøm.

Mientras avanzaban las horas del sábado 13 de mayo, la expectación se hacía más evidente. Mensajes en las redes sociales recordando el listado de los artistas presentes en la primera edición de Fauna Otoño, junto a información de cómo llegar al reducto de turno. En este caso el lugar que recibiría tanto a músicos como al respetable es el Espacio Riesco, lugar que inevitablemente nuestra corteza cingulada anterior asocia más a un canapé que a un evento musical. A medida que nuestro transporte se acerca al lugar de los hechos, la cuchara se acelera, las pupilas se dilatan y una mezcla de felicidad y ansiedad se conjugan, resultando en una alegría, pero en cámara lenta. Esa que es acompañada por un día nublado, pero caluroso; gris, pero soleado. Algo así como una mezcla de ‘Alison’ con tres piscas de ‘Be Nothing’, dos cucharadas de ‘The Mighty Rio Grande’, más una taza de ‘Kisses In Your Eyes’. Todo cocinado a fuego lento escuchando ‘Heaven’s On Fire’. Se venía una tarde intensa.

Ese puente que separa el puesto de churrascos del escenario principal del otoño, denominado “House Of Vans”, sirve de separación natural y de cuello de botella a las horas más concurridas del festival. Todos los paradigmas de este tipo de instancias se hacen presentes, están las marcas al uso, los puestos de comida, venta de material promocional, una variopinta asistencia, heterogénea, con sus mejores fachas, y claro, los infaltables, que venían a capear el sábado con “música de fondo”. Pero, también están quienes acuden a ver a sus ídolos de juventud, y quienes buscan conocer a un grupo que se disolvió cuando aún no nacían. Esa mixtura se compenetraba y compartía animadamente  mientras unos se acercaban al escenario y otros le hincaban el diente a un humeante sándwich de carne.

Foto © Claudia Jaime

Cerca de las 15:30 horas el murmullo se ve sobrepasado por los primeros acordes de ‘Please Let’s Go Away’, tema que abre el último disco de los locales Trementina. Los oriundos de Valdivia abren fuegos con un corte en medios tiempos, en que la voz de Vanessa Cea se luce acompañada por las cuerdas envueltas en delay de la guitarra de Cristóbal. Le siguen ‘Fall Over Myself’, ‘Out The Light’ y ‘Oh Child’, todos pertenecientes a “810”, su nuevo y flamante disco. El cuarteto muestra su oficio en cada tema, y ya con ‘Distress’ -perteneciente al ep “SPD”-, dejan claro que su presencia en este escenario no es antojadiza. Con su segundo disco, una obra que los empina sobre la media, han mostrado su capacidad de reinvención, sin caer en repeticiones ni lugares comunes. La novel banda presenta un show con músculo, en donde el rugir de las cuerdas, y el bombeo poderoso de la base rítmica se ve cautivada por la voz dulce y etérea de su vocalista. Con la tremenda ‘Kisses In You Eyes’, con guiños directos a sus influencias, se desenvuelven a sus anchas a pesar de los problemas técnicos y de sonido los cuales se hicieron presentes a lo largo de toda la jornada; entregando un show que no decae en intensidad en ningún momento.

Luego de cuarenta y cinco minutos de un show de altos decibeles, Trementina se despide, y el público los ovaciona eufóricos. Todos están satisfechos, saben que lo de hoy es especial. Comienza la espera, esos treinta minutos en que los pies te piden un descanso, instantes que sirven para asimilar el momento y observar cómo se produce un recambio de público. Si bien es cierto aún el aforo del salón principal del Riesco está ocupado sólo en una tercera parte, fuera de éste ya comienza a sentirse la agitación de quienes vienen a ver a Goswell, Chaplin y compañía. Algunos revisan los discos dispuestos en el área de merchandising y otros refrescan las ganas con la hipsteriana cerveza de la estrella roja. En tanto una buena parte revisa sus celulares subiendo fotos, y comentando los pormenores a amigos que no pudieron asistir. De improviso, como en un ritual, todos comienzan a dirigirse hacia el frío salón de hormigón en donde se encuentra el escenario, espacio que, sin embargo, suena mejor de lo esperado.

Foto © Maira Troncoso

Mientras un grupo de veinteañeros conversan sin parar sobre la filtración de los temas de “Somersult”, son los mismos integrantes de Beach Fossils quienes prueban instrumentos y revisan el seteo de sus efectos. El público está feliz, les grita, les ofrece su corazón, los “I love you Dustin” se vuelven clamor popular; y los neoyorkinos responden saludando con la afectuosidad de una larga amistad. Cercanía, relajo, honestidad y dulce melancolía es lo que la agrupación liderada por Dustin Payseur, viene a entregar. Pero lo de Beach Fossils, también es alegría en cámara lenta, también es una sonrisa bajo la lluvia animal. Su música te eriza los pelos y emociona. La vaporosa languidez de sus composiciones, esas guitarras cargadas de chorus y reverb, beben por partes iguales tanto de uno como del otro lado del Atlántico, recordando a los primeros The Smiths, como a un John Cale nadando en antidepresivos. Lo del cuarteto estadounidense es fuerte, traen consigo un puñado de discos –entre largas duraciones y extended play-, que han sido una carta de presentación más que efectiva. Con  “Clash the Truth” que sentó un precedente en la escena lo-fi del país del norte.

Y arrancan, mientras  Jack Doyle Smith toca las dos primeras cuerdas de su bajo Fender interpretando la ambiental ‘Modern Holiday’, a modo de introducción, Payseur y Davidson afinan detalles para dar paso a ‘Generational Synthetic’, un corte enganchador y cargado al post punk perteneciente a su obra maestra “Clash The Truth”. Luego le siguen sin descanso y con un breve saludo ‘Swallow’ y ‘Youth’. Con un show disparejo en sonido, el cuarteto logra tocar la fibra una y otra vez de todos los presentes. Es una reunión de amigos, en donde la interacción entre público y banda se basa en música y sensaciones. No hay pirotecnia ni forzadas puestas en escena, no hace falta, la belleza de las composiciones son las que mandan esta tarde.

‘Vacation’, nos hace viajar hasta 2010, a su primer registro. Ese que contaba con baterías programadas, ese que es una muestra de baja fidelidad en estado puro; con un sonido que los emparenta a los reunidos The Feelies o a DIIV, proyecto solista de su anterior baterista Zachary Cole Smith. Con ‘Silver Tongue’, muestran su lado cívico, con un tema lleno de referencias políticas y anti Trump. El grupo nos regalan una sentida y hermosa interpretación de ‘Be Nothing’, único tema que tocan de su próximo disco “Somersult”, que el respetable aplaude emocionado. Luego de hora y cuarto de presentación el grupo se despide con una sonrisa cómplice compartida por todos los presentes. Una sensación de satisfacción inunda todos los espacios y la procesión comienza.

Foto © Maira Troncoso

Pasada media hora de asueto, la guata se aprieta, los dientes se destemplan, son los texanos de This Will Destroy You, que destrancan los tímpanos y despeinan a más de un despistado con la robusta ‘The Mighty Rio Grande’, luego desenfundan ‘Dustism’ y ‘Burial on The Presidio Banks’, este último es un claro ejemplo de una composición que cumple con todas las características del post rock de tomo y lomo, pasajes de atmósferas plácidas y subidones de desgarro eléctrico. Con la ambiental ‘New Topia’ y ‘Threads’, preciso y certero tema perteneciente al disco con que debutaron hace casi diez años, el cuarteto completa la primera mitad de su presentación. El público, desde el segundo cero está en trance, alucina, el shock auditivo nos llena de emociones, los juegos rítmicos de cada tema son absorbidos por cada poro y gusta, se disfruta y agradece cada arpegio, cada nota que arrastra a moros y cristianos al túnel de sensaciones que implica la música de TWDY. Al parecer los chicos de Fauna, probaron acertadamente el gustillo por la música instrumental, resultando en la presencia en sus escenarios de representantes idóneos del estilo, como lo son Mogwai y Explosions In The Sky. Con los This Will, completan esta secuencia.

El grupo estadounidense se muestra parco, ensimismado en la entrega de su presentación, interrumpida brevemente por los escuetos agradecimientos de Jeremy Galindo. Sí, el guitarrista que toca sentado y mueve sus rápidos pies mientras King, Keys y Stevens se contorsionan sacando sonidos desgarradores de sus instrumentos. Los norteamericanos suenan más cercanos a Mogwai, Caspian o My Education, que a sus coterráneos Explosions In The Sky con quienes comparten, además de su origen, la ideología del Do It Yourself. Así es, no son de roadies ni de grandes aspavientos, es por ello que su participación en la banda sonora del film independiente Room de 2015, los tomó por sorpresa. Son tipos tranquilos que gustan de conectar sus propios cables, de sentarse largos minutos a probar sus pedal board. Ahí están, sobre el escenario, comienzan a despedirse con ‘Quiet’, dejándonos con el corazón en la mano y la piel de gallina.

Foto © Maira Troncoso

Todos corren rápido, el galpón de cemento en donde se encuentra el escenario comienza a completar su aforo, abrigos, parkas, bufandas y hasta guantes de lana son parte de la indumentaria de quienes comienzan a impacientarse a cada minuto. Esperan a otros conocidos de la casa The Radio Dept., los suecos ya nos habían visitado en 2012, presentando su acto en vivo en el escenario de la Ex Oz, donde nos maravillaron con sus melodías ensoñadoras y el beat de sus secuencias. A cinco años de ese show están de vuelta con nuevo disco. “Running Out Of Love”, editado en 2016, es su más nueva obra y una perfecta muestra de la búsqueda del combo proveniente de Lund. Un disco en donde el dream pop de sus primeras producciones y el shoegaze se conecta de forma exquisita con los beat y el pop electrónico. El trío conformado por Johan Duncanson, Martin Larsson y Daniel Tjäder, conoce muy bien su oficio, sus atributos y falencias. Saben que lo suyo son los discos, que su en vivo puede parecer algo desordenado y está lejos de ser perfecto. Pero son tipos que han madurado musicalmente, y están para grandes cosas. Con una postura antifascista clara en sus letras y una instrumentación elegante, Duncanson guía a los suyos por derroteros ambientales y sonidos melancólicos. Inician ‘Sloboda Narodu’, tema que abre su cuarto disco. Nuevamente el público ovaciona y entra en catarsis, ahora se añade el baile a la actividad. A cerrar los ojos y contonearse que la fiesta comenzó. Una seguidilla de composiciones se desgranan una tras otra, invitando al baile, a levantar los brazos, mientras el grupo se mantiene casi estático, con su líder rasgueando las notas de ‘David’ perteneciente a su producción de 2010 “Clinging to a Scheme” o marcando la batería con un lápiz “Bic” en ‘The New Inproved Hypocrisy’.  En medio de la presentación una base electrónica que falla y sacan su comodín, la hermosa y minimalista ‘1995’, una canción desnuda, que es sentimiento puro, perteneciente a su primer disco, “Lesser Matters”, deja a todos con los pelos parados. Uno de los bellos momentos de la jornada. ‘Heaven’s On Fire’, causa euforía total, pues ese tremendo pedazo de tema que forma parte del “Clinging to a Scheme”, es un hit eterno.

El público ya no puede más y a pesar de su gélida personalidad, los suecos dejan entrever que están felices. Temas como ‘Swedish Guns’ y ‘Death To Fascism’ se continúan en el setlist, para disfrute de la asistencia. Mientras se despiden, ante la insistencia del público, los Radio Dept. tratan de explicar que no tienen preparados más temas, cerrando un show redondo en que el público gozó de lo lindo.

Foto © Maira Troncoso

Pocos salen a ventilarse, la mayoría se agolpa en la reja de contención que nos separa del escenario. Claro, viene lo tan esperado; para algunos significa volver en el tiempo varios lustros, cuando las canas aún no abundaban y la piel era más soportable. Cuando aún imaginaban que el frío del invierno los arropaba y veían lejos los pagos en cuotas y las deudas de casas comerciales. Era el fin de los años ochenta y tres canciones veían la luz,  formaban parte de la primera producción de los ingleses Slowdive. Un EP aclamado por la prensa, que fue el punta pie inicial del acontecimiento que hoy nos convoca.

Las luces se apagan, las poleras del “Pygmalion” y de su nuevo disco se hacen notar, el atraso de algunos minutos en el comienzo del show ayudó a agitar más las aguas, los aplausos y gritos no se detenían. Estos se convirtieron en la más absoluta, sentida y profunda euforia cuando las siluetas de Rachel Goswell, Neil Halstead, Christian Saville, Nick Chaplin y Simon Scott, aparecen desde el fondo del escenario. Se escucha un ¡Rachel we love you! Y la ovación no para hasta que la ‘Wall of Sound’ de “Slowdive”, tema insignia del grupo, comienza a escucharse. El segundo tema es la ambiental ‘Avalyn I’, y todos siguen el ritmo con las palmas. Las guitarras de Saville y Hastead se unen creando atmósferas rugientes, llenas de delay, mientras la voz de Rachel juega angelical entre los dolientes sonidos de las cuerdas. Las armonías de Goswell siguen ahí a pesar de la sostenida pérdida auditiva que ha sufrido en su oído izquierdo. Continúan con ‘Catch The Breeze’ y ‘Crazy For You’, la primera perteneciente a su debut en largo “Just For A Day”,  en 1991, y la segunda un clásico de “Pygmalion”, último disco previo a su disolución de 1995. Con ‘Star Roving’ los de Reading comienzan a mostrar su nuevo material. En este tema rompen la hegemonía de los medios tiempos, con una línea melódica rápida, en donde los juegos vocales de Goswell y Halstead se lucen en gran forma. En tanto Saville le da a las cuerdas de su Fender Jazzmaster sin misericordia, convirtiendo los 5 minutos de la canción en algo sublime. ‘Souvlaki Space Station’, nos trae a la memoria esa joya de 1993 “Souvlaki”, disco que se ha convertido en parte fundamental de la discografía shoegaze.

‘Alison’, que como dato curioso ha sido tocada en la posición número nueve en todas las presentaciones de este año, llena de un inconfundible y cálido sentimiento a todas las almas que acudieron al reducto del Espacio Riesco. Un barbudo se toma la cara emocionado y no puede evitar decir “qué huevada más hermosa”, y así es, hermoso es la palabra que define ese momento. Todos nos dejamos llevar por la belleza e intensidad de tan gran canción, la que nos ha acompañado en las buenas y en las malas, que nos cobija en nuestros momentos más deslucidos y ha sido parte de la banda de sonido de millones. Ante nuestros ojos el sueño se estaba cumpliendo, Slowdive estaba desgarrándonos a punta de pasión. Los ojos se empañan, quien no derramó alguna lágrima y se conmovió al escuchar:

“…Mientras tu cigarrillo aún sigue encendido
tu mundo hecho un lío me estremecerá
Alison, estoy perdido…”

Mientras el respetable respira hondo tratando de controlar la emoción, el grupo comienza a despedirse con ‘Golden Hair’, original del genio musical por antonomasia, Syd Barrett. Nadie quiere que esto termine, y las voces se unen en un coro, pidiendo el regreso de la banda al escenario, lo que ocurrió a los pocos minutos, entregando un bis que ya se esperaba, ‘She Calls’ y ‘40 Days’, son las encargadas de cerrar una jornada perfecta y atemporal. Un recuerdo que nos acompañará por el resto de nuestras vidas, un momento de solaz, de emociones y nudos en el estómago; donde, sin importar edades ni ideologías, todos fuimos felices en cámara lenta.

 

Reseña por Carlos Torrejón.

Revisa momentos de Fauna Otoño en imágenes de Maira Troncoso, aquí.