sensaciones en vivo — 16 noviembre, 2017 at 22:45

Fauna Primavera 2017: Música, Sol y Papel Picado.

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Fauna Primavera @ Espacio Broadway, Santiago
Sábado 11 de noviembre de 2017

Festivales de época estival, llenos de colores, espacios abiertos y momentos de solaz. El mix perfecto para enmarcar un encuentro musical que se ha convertido en atracción de multitudes. Así es como Fauna Primavera, se ha transformado en una de las fechas que aúnan la atención del público nacional; desde sus inicios en  2011, ha ido evolucionando de un enfoque predominantemente electrónico, y con fuerte presencia nacional, a uno que busca abarcar un abanico más amplio de estilos, con menor asistencia de actos de bandas chilenas. Devenires del mercado dirán algunos, desinterés del público objetivo dirían otros.

Es así, como este año la productora detrás del festival ofreció una parrilla variopinta que no estuvo exenta de críticas por parte del respetable, sin embargo, el trabajo de selección realizado por Fauna Producciones nos ofreció la posibilidad de ver actuaciones de alto nivel, que mantienen la impronta del encuentro y que no deja a nadie indiferente.

El sol sobre las cabezas auguraba una tarde de calor intenso, innegable invitado de piedra que no perdonó. La vuelta al reducto del Espacio Broadway, permitió una mayor fluidez, contrastando con lo sucedido el año anterior, en que la cita se dividió en dos locaciones distintas.

En el amplio reducto, los asistentes viven la clásica procesión entre escenarios, un ejercicio que te permite comentar y digerir el show que recién presenciaste, y que además, juega un rol de análisis en donde el público administra los tiempos y prioridades que les dará al resto de la jornada. Al mismo tiempo, en el escenario Ballantine’s Stage, Francisca Straube, Tomás Rivera y Rodrigo de la Rivera son Miss Garrison, se aprestan a entregar una breve, pero intensa presentación. Con un sonido maduro y muy bien trabajado, el trío nacional representa uno de los actos más destacados de la actual música chilena. El grupo ha evolucionado musicalmente, y lo dejan claro al despachar una excelente batería de temas contenidos principalmente en su producción de 2016, “Al Sol de la Noche”. Los músicos, conscientes de sus espacios, muestran un dominio acabado de su show, no hay lugar para errores, y los arreglos de sus canciones las envuelven de una majestuosa potencia. Todos escuchan, mientras las secuencias y el teclado acompañan la voz de Straube, que se pasea sólida en cada tema. El público agradece la calidad de los Garrison. Empiezan a sonar las primeras notas de ‘Mamba’ (incluido en su más reciente disco); De la Rivera, pasa de la guitarra a la batería electrónica, en tanto Fran va creando texturas en el sintetizador mientras canta. Comienza la despedida de una agrupación que sabe ganarse al público con canciones muy bien desarrolladas y ejecutadas.

Aquí cabe realizar una breve reflexión, y es que la presencia de artistas nacionales, entiéndase bandas, podría ampliarse en futuras instancias. Este acto presenciado no deja lugar a dudas sobre su calidad; incluso superior que la de algunos show extranjeros, algo sosos e irregulares.

Es lo que sucedió, por ejemplo, con la presentación de Homeshake, proyecto que lidera Peter Sagar, quien fuera guitarrista de Mac DeMarco. La propuesta de Sagar y compañía tiene su eje en el sonido del bajo, teclados, y su aguda, sin embargo, lo escuchado en directo le hace un flaco favor a las producciones de estudio del músico canadiense. La falta de músculo, cadencia y elegancia en vivo, no permitió disfrutar del soul y rhythm and blues que caracterizan las composiciones de Homeshake. Quizás el espacio abierto, el sol, o el viento que a esa hora comenzaba a levantarse les jugo en contra, pues si bien es cierto el músico nunca se ha caracterizado por ser un tipo chispeante, esa falta de guata, esa que le da intensidad y emoción al soul, es lo que faltó. Las composiciones del disco “Fresh Air”, estuvieron lejos de ser un real aire fresco.

A continuación, la atención se dirige de vuelta hacia el Ballantine’s Stage, donde se presentaría uno de los números más destacados de la jornada: es el mexicano Alan Palomo comandando a los Neon Indian. Así da gusto, un show que hizo mover incluso a los más parcos. Un grupo que sorprendió y gustó. Palomo, con un desplante y estética pop se comió al respetable, que en su mayoría no paraba de bailar. Con una mezcla de electrónica, funk, psicodelia y pop, la banda se lució con temas acabados, mostrando canciones de sus distintas placas. Más allá de ‘Polish Girl’, tema coreado y bailado bajo 32 grados de temperatura, Alan tiene en Vega Intl. Night School, de 2015, una carta de presentación que ya muchos se quisieran.

Los texanos partieron con Dear Skorpio Magazine, canción que te hace viajar a una playa mental de arenas blanca, palmeras y margaritas. Funk con tintes discos. La voz de Palomo es secundada en coros por el guitarrista Ronald Gierhart, y el groove del tema convierte el poco pasto frente al escenario en la mejor pista de baile. Neon Indian, tiene todo, calidad, energía y presencia. Continúan con ‘Annie’, ‘The Gltzy Hive’ y ‘Street Level’, para alcanzar un peak con la dupla bailable formada por ‘Deadbeat Summer’  contenida en su debut “Psychic Chasms” de 2009 y la ya mencionada ‘Polish Girl’ de su aclamado disco “Era Extraña” (2011). Lo del quinteto es elegancia, groove y sensualidad. La voz de su líder se destaca, éste nunca deja de estar en contacto con los asistentes, los anima, agradece, saluda y nuevamente comienza a bailar derrochando personalidad sobre el escenario. Se acerca el fin de la presentación la cual cierran con una exquisita versión de ‘Pop Life’, del maestro de los ritmos calientes Prince. La fiesta se acaba, pero las melodías y satisfacción que nos dejó la presentación nos acompaña por muchas horas.

Whitney, a diferencia de los Homeshake de Sagar, no venía avalado por su cercanía con figuras conocidas. Si a eso agregamos que no llevan más de dos años de carrera y sólo cuentan con un disco editado, es comprensible que no generaran mayores expectativas en torno a la banda, más que la de haber sido fundada por Julien Ehrlich, ex baterista de Unknown Mortal Orchestra. Pero las cosas cambiaron a medida que se fue desarrollando su presentación. Con un sonido pulcro y correcto los de Chicago fueron desgranando su única producción hasta la fecha “Light Upon the Lake”.  En cincuenta minutos de una performance sin altibajos, Elrich y compañía dieron clases de lucidez musical. Con temas sencillos reflejaron el alma del soul y el country, estilos que marcan sus influencias. Temas de ritmos cansinos, enriquecidos por los arreglos en guitarra de Max Kakacek e impulsadas por el enérgico teclado a cargo de Will Miller, se fueron sucediendo a lo largo del show. Es así como el inicio lo dio ‘Dave Song’s’, para seguir con ‘No Matter Where We Go’, ambos de su placa debut. Luego vino una impecable versión de ‘On The Way Home’, original de Neil Young. Y es aquí donde uno se pregunta, si era prudente que un tercio del show estuviera compuesto por versiones (dos más, una de Dylan y otra de los NRBQ), considerando que el setlist contenía sólo nueve temas. El motivo de lo anterior queda en la nebulosa y la decisión del grupo, sin embargo, haber escuchado más del ensamble norteamericano hubiese sido ideal para conocerlos a cabalidad.  Cierran con el single ‘No Woman’, una de las joyas de su álbum de 2016.

El Sol sigue arreciando, no da tregua, te estruja hasta el último electrólito; pero los presentes siguen con atención y sin descanso lo que acontece en cada uno de los escenarios dispuestos para la ocasión. Así nos desplazamos hasta el Red Bull Music Academy Stage, aka Escenario Red Bull. En este ya todo estaba dispuesto, el público se encuentra reunido en torno al escenario mientras la sombra los acompañaba. Pasto, brisa, y sobre la tarima un par de mesas, artilugios varios, sí, muchos artilugios, trozos de madera, tubos de metal, objetos inanimados que en manos de quienes se aprontaban a salir, adquirirían sentido transformándose en herramientas musicales.

A las 17 horas, Nova Materia sale a escena. El dúo formado por Carolina Tres Estrellas y Edi Pistolas, comienza su ponencia sónica. De forma visceral, como dos animales que se enfrentan violentamente, empiezan a ejecutar los cortes de su epé “Aparece en Sueños”. A las bases programadas, se suman ruidos generados por guitarras usadas como elementos de percusión. Aquí todo sirve, todo es fuente de creación, de generación de sonidos. Desde el e-bow que Edi mantiene vibrando en las cuerdas de una guitarra, hasta una placa de cemento sobre la que Carolina desliza una piedra. Ritmos tribales, salvajes, ruido, atmósferas y samples; una puesta en escena orgánica y arrebatadora, en que la pareja a veces grita y en otras apenas esboza un murmullo. La sonoridad de Nova Materia es hipnotizante. En ella se observa un trabajo acabado, investigación sonora, experimentación. Lo que resulta en un trabajo sólido por donde se mire y escuche. Una hora de ruidismo precioso, de psicodelia. Experimentación con actitud Punk.

Para los amantes de la electrónica y el synthpop, el retorno del proyecto británico AlunaGeorge, luego de su presentación en 2014, era una ansiada sorpresa. Pero la verdadera sorpresa fue ver aparecer a la vocalista Aluna Francis sola, sin la compañía de su par George Reid. Ataviada de su laptop, bastó con que apretara el play para que algunas cabezas empezaran a agitarse al ritmo de la música. En una hora de presentación dio un recorrido por sus dos álbumes de estudio, además de presentar sus colaboraciones con grandes de la escena discotequera como Disclosure y Dj Snake. Pero a pesar de que el show fue bien ejecutado, de la estupenda voz de la británica, con bailarinas y coreografía incluida; no deja de dar la sensación de que algo faltó. Inclusive, cabe considerar que si no se hubiese presentado, pocos se habrían percatado de su ausencia.

Volvemos al House Of Vans Stage para asistir a la presentación más minimalista de toda la jornada. Luego de que un presentador contextualizara e hiciera una breve introducción, ingresa natural, calmo, con una taza en su mano izquierda y su guitarra en la derecha Seu Jorge. Vestido como Pelé Do Santos, el personaje que caracterizó en “The Life Acuatiq with Steve Zissou” co-escrita y dirigida por Wes Anderson, y de la cual el brasileño compuso la banda sonora homenajeando al Duque Blanco. Luego de saludar abre con una versión hermosa y emocionante de ‘Ziggy Stardust’, ante la cual el público responde entusiasta. Al músico se le ve sereno y alegre mientras relata cómo se gestó la relación entre él, el director y las composiciones de Bowie, a las que Jorge adaptó dándoles una sonoridad propia del canto brasileño, cercano al bossa nova. Le siguen acertadas versiones de ’Rebel Rebel’, ‘Changes’ y ‘Starman’, esta última una maravillosa versión bautizada como ‘O Astronauta de Mármore’, y ‘Life On Mars’. Una tras otra se suceden las composiciones que inevitablemente traen a la memoria al genio británico. El cuadro que sirve de corolario a lo mostrado por Seu Jorge se resume en la imagen final del concierto; en donde el rostro de Bowie observa desde las pantallas del escenario, mientras el brasileño se despide con ‘Let’s Dance’ sonando de fondo; mientras a los asistentes se les paran los pelos por la emoción.

Unos minutos de otra carrera, y ya estamos nuevamente frente al escenario de la marca de whisky. Allí, cuatro figuras que exhalan sencillez e ingenuidad se toman la tarima. Son los londinenses Daughter, banda que, para quienes no conocen su trabajo, pueden parecer un grupo de millennials insípidos. Sin embargo, resultan ser músicos seguros de sus posibilidades y con una carga emocional que saben encausar de muy buena manera. No fue por azar que el oído de los selectivos 4AD se fijó en ellos. Es que lo de Elena Tonra y sus secuaces es potente. La historia detrás de la banda, y de cada uno de sus integrantes refleja lo difícil que en la actualidad es ser un adolescente, situación que en su momento vivieron en carne propia. A su manera canalizaron sus frustraciones y dolor a través de la música, y el resultado son cuatro discos y un puñado de canciones que fácilmente pasarán a ser parte importante de nuestra memoria musical.

Los británicos abren fuego con ‘How’, tema que forma parte de su disco “Not To Disappear” -de este último y del vitoriado “If You Leave” de 2013, proviene la mayor parte de lo mostrado esa tarde de sábado-. Los derroteros de la obra de los británicos se apegan con fidelidad a la herencia shoegaze y dream del norte europeo. Les siguieron ‘Tomorrow’, ‘Numbers’ y ‘Doing The Right Thing’, todas canciones con letras que hablan de las vivencias y sentir del grupo. Compuestas en medios tiempos, que combinan guitarras vaporosas con el correspondiente delay y una suave distorsión, la mayoría de las canciones del cuarteto apelan a una contenida intensidad instrumental. Es el guitarrista Igor Haefeli, quien a momentos se percibe más ansioso, como si su instrumento le pidiera más, controlando las ganas de una entrega más viceral. Quizás esa necesidad de mayor ñeque y experimentación es lo que le hace falta a su obra, tal vez en un futuro cercano los veamos entregando una nueva placa con estas características. Otro elemento que llama la atención de su en vivo, es la desprolijidad en la continuidad del sonido, los efectos cambian abruptamente, y el fade en el delay a veces es burdo. No obstante, lo anterior no les quita efectividad, ni va en desmedro de su capacidad sonora.

Comienza a bajar la temperatura en el valle, y en complicidad con la brisa observas que el lugar está lejos de completar su aforo, es clara la disminución en la cantidad de asistentes. En ellos vez a los clásicos del vip, esos que se desparraman como si en el living de su casa estuvieran, con los grupos haciendo las veces de banda sonora de una soleada tarde de noviembre, que están más preocupados de consumir los tragos de cortesía, sacarse fotos con gestos fingidos y publicar en redes sociales. Están quienes vinieron a ver a su grupo favorito, esos que no se entregan, y luchan con ahínco por un puesto en primera fila, que disfrutan y valoran cada nota escuchada; y están aquellos que vienen a cachar, no son especímenes asiduos a la música o a los festivales, pero esta instancia les permite saciar su curiosidad. Son los que gustan del “single”, esos que sin conocer el disco completo de un grupo, acuden a verlos, a vivir la vendida experiencia del momento; y, porque no, conocer y gustar de bandas que no conocían.

Las cuerdas del bajo de Nate Ryan, resuenan por los parlantes; arrastrando notas The Black Angels se manda un tremendo cañonazo con ‘Currency’, para no parar más. Estos son unos tipos que conocen su oficio, suenan áridos, atronadores, y desatan el infierno sónico. Los de Austin nos revientan en la cara con canciones procedentes de su reciente trabajo “Death Song” de 2017. Se adueñan del escenario; Mass y Bland, codo a codo, se agitan y exigen a sus instrumentos, alargan los acoples y sostienen las notas. ‘Medicine’ y ‘Comanche Moon’, son dos claros ejemplos del trabajo del quinteto, atmósferas contemplativas, lisérgicas, riff pesados, colores y aromas. Su show nunca decae, se sostiene por sí mismo, hasta los momentos de letanía resultan jugosos y certeros. El público los disfruta, no hay grandilocuencias, ni teatralidad en su show, el cual se basa únicamente en lo primordial, la música. A los norteamericanos les da igual si son o no cabeza de cartel, con ellos siempre tendrás un acto seguro, una jugada triunfadora. Trece años de carrera y seis aplastantes producciones los preceden; ya en su tercera visita a tierras nacionales, los Black entregaron una presentación directa y enérgica, como una tormenta que luego de arrasarlo todo, da paso a la calma.

Siguiendo con la jornada, llega el turno del trío de Hoboken, los eternos Yo La Tengo. A pesar de ser de pocas palabras, Ira Kaplan se encarga de saludar y bromear señalando que no tocaran nada de lo que le solicitó su fanaticada. Son livianos de sangre, gustan de la belleza acústica así como del hedonismo sónico. Son los tipos que a comienzos de los ochenta convirtieron los acoples y disonancia en marca registrada, esos mismos que han marcado a generaciones de músicos hasta hoy en día. Esos que se suben al escenario como si recién se hubiesen servido una porción de cereal y hotkeys. Sencillos y dispuestos a complacer a sus seguidores, que han esperado durante horas ese momento.  Con temas que recorrieron siete de sus catorce discos de estudio convirtieron la hora y cuarto de su show en una marea eléctrica que embelesó a los presentes. Desde las sónicas  ‘Today Is The Day’ y ‘From A Motel 6’, a la breve tranquilidad de ‘Satellite’ o ‘Beanbag Chair’, Kapplan, Hubley y McNew no dieron descanso a nuestros oídos. Mientras Ira saltaba hacia el público, el resto de la banda se intercambiaba instrumentos para finalizar con un golpe de gracia, dejándonos con una versión demoledora de ‘Pass the Hatchet, I Think I’m Goodkind’, una de las joyas de su extenso catálogo.

Uno podría pensar que a estas alturas de la noche, y con todo un día al calor de las masas el ánimo empezaría a decaer. Por el contrario, pues hay nuevos invitados que esperan cerrar la noche con broche de oro: Phoenix. Los galos hacen una entrada apoteósica al proscenio, efectos sonoros y luminosos tiñen el entorno y las siluetas del cuarteto se asoman en medio de un público que los recibe con un grito ensordecedor. Las fanfarrias respectivas y es Thomas Mars, vocalista del grupo, quien toma el timón de este viaje. ‘J Boy’ de su disco de 2017 “Ti Amo”, comienza a hacer estragos. Luego le sigue ‘Lasso’, otra maravilla proveniente de “Wolfgang Amadeus Phoenix” de 2010. Es así como los argumentos que señalaban que el grupo francés era un cabeza de cartel débil se vienen abajo. Es más, ya con media docena de discos bajo el brazo, convierten la noche del Fauna en un verdadero compendio de éxitos, donde inclusive se permitieron cumplir algunas solicitudes como incluir espontáneamente ‘Telefono’, una de las perlas del tremendo “Ti Amo”.

Phoenix se despachó un show impecable, con una presentación a prueba de balas, en donde no sólo pudimos disfrutar de parafernalia, si no también, de buenos músicos, una base rítmica en que D’Arcy y Hedlund muestran toda su pericia, y canciones en que a pesar de su grandilocuencia se nota un trabajo acabado, que va más allá de la mera forma. Y nuevamente el papel picado cayó sobre las cabezas, en tanto las sonrisas de satisfacción del público y de los músicos eran indicadores de que las largas horas bajo el sol habían valido la pena, y que sobre el confeti, la música prevaleció.

 

Reseña por Carlos Torrejón.

Fotografías por Maira Troncoso (revisa su registro del festival aquí, y aquí).